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Sazón

08-Mar-12

La iglesia de la alta cocina vive una crisis de fe.
Hace poco más de una decena de años, un movimiento reformista encabezado por Ferran Adriá y Heston Blumenthal rompió para siempre la hegemonía vaticana de Francia y de una cocina anclada en el Ancien Regime.
Esta nueva cocina industrializada y “andywarholesca” obtuvo, gracias a una sumisa complicidad mediática, una popularidad nunca antes vista en este elitista y enrarecido mundo.
Avancemos ahora al 2012. Hoy, la división de la fe culinaria en millares de credos derivados toma cuerpo a nivel global. ¿Por qué esta atomización?
Por ahora, la lista de theworlds50bestrestaurants (biblia del fashionismo gastronómico) apuesta por una cocina naturalista y nómada, basada en la recolección de exotismos. Rene Redzepi (Noma Restaurant) prepara cabeza de alce salvaje y el venezolano Nelson Mendez se destaca en Madrid Fusión presentando su cocina amazónica de piraña, báquiro y bachaco. Pero theworlds50bestrestaurants también aupa discretamente a la contra-reforma de la cocina “católica”. Le Chateaubriand en París ha escalado más de 30 peldaños en los últimos 3 años con una propuesta “Boticellesca”que ofrece, por ejemplo, hasta nueve platos de foie gras en su carta. Pero como lo han pregonado por algún tiempo ya François Simon, Alberto Soria o el comediante Leo Harlem, los comensales se han agotado ya de las versiones “pornificadas” de gastronomía. Quizás sea hora de desempolvar las santas escrituras y rescatar la esencia de nuestro credo: ¡el sabor!

El sentido del gusto es a la vez la esencia y el misterio más grande de la cocina. Desde la Physiologie du gout, escrito en 1825 por Jean Anthelme Brillat Savarin hasta un reciente texto de Gordon M. Shepherd (profesor de la Universidad de Yale) Neurogastronomy: How the Brain Creates Flavor and Why It Matters, los científicos han intentado explicar misterios que van de lo banal (expertos catadores de vinos pueden ser engañados con caldos blancos pintados de tinto) a lo profundo (de nuestros cinco sentidos, el del olfato es el único con acceso directo al lóbulo frontal, el área mas desarrollada del cerebro humano).
Aunque los gustos son cinco (salado, dulce, amargo, ácido y umami), los sabores son infinitos. Ellos son una combinación de gustos, olores, texturas y emociones que se mezclan de manera diferente en cada bocado. Entender y dominar el sabor, lo que llamamos “sazón”, es la cualidad mas rara y valiosa de un chef. Tristemente, de todos los centenares de cocineros profesionales que he conocido, no pasan de un manojo los que “tienen sazón”.
¿Se puede enseñar la sazón?
¡No lo se! Armando Scannone ha abogado por esto desde siempre. Ha dicho que la primera parte de ser cocinero es entender y repetir el “sabor venezolano”, pero la ecuación matemática o la formula química de este sabor perdura esquiva. Para encontrarla no sólo debemos confiar en la ciencia, también debemos mirar al pasado. La siguiente receta de “Chilatas” es tan vieja como los aztecas, pero su fórmula captura un sabor amplio, satisfactorio e inmortal:
Cacao en polvo (150 gr.)
Azúcar en polvo (150 gr.)
Almendras tostadas y molidas (300 gr.)
Sal (50 gr.)
Ajonjolí (300 gr.)
Maní tostado y molido (300 gr.)
Pimienta negra molida gruesa (50 gr.)
Chiles secos tostados y molidos (100 gr.)
Jengibre molido (10 gr.)
Clavos de olor molidos (2 gr.)
Canela(10 gr.)
Semillas de cilantro tostadas y molidas (5 gr.)
Orégano(5 gr.)
Anís estrellado (5 gr.)

Probar este adobo fantástico espolvoreado en arepas recién hechas y recordad este axioma de Brillat-Savarin, el convencido epicúreo que siempre consideró a la gastronomía como una ciencia: “El descubrimiento de un nuevo plato hace mas por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella”.

¿Denominación de Orígen?

18-Dec-11
Durante el otoño de 1876, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche pasó sus vacaciones en Sorrento, al final del golfo de Nápoles.  La ventana de su habitación en la Villa Rubinacci enmarcaba al Vesubio y a la isla de Ischia. Sus días transcurrían nadando en el Mediterráneo o visitando los templos de la Magna Grecia en Paestum. En las tardes leía a Goethe en el jardín de la Villa, rodeado de árboles de higos y limones…todo un universo de diferencia con su cotidianidad en Basilea, donde desde su silla de profesor de filología clásica, pregonaba el pesimismo y la abstinencia de Schopenhauer.
El Nietzsche pre-1876 era un “venado asustado en el bosque”, esquivando el dolor y las causas de insatisfacción a toda costa. Pero ese octubre de 1876 es un punto de inflexión en su pensamiento, que de manera anecdótica, se consolida con el filósofo llorando al borde de su ventana en la Villa Rubinacci y exclamando: “Cómo he podido estar tan equivocado…”  El Nietzsche post-1876 nos dice que la realización como seres humanos es indivisible del sufrimiento y nos muestra, como ejemplo, a un grupo de übermenschen (Stendhal, Montaigne, Galliani y Goethe) que lograron florecer aceptando sus defectos y pecados.

Este pasado octubre, Antonio Madaio, el filosofo inequívoco entre los productores de “Mozzarella de Bufala Campana DOP (Denominazione di Origine Protetta)”, me recibió en el aeropuerto de Nápoles para llevarme a su centro de producción en Eboli, a unos 80 km. al sur de la Villa Rubinacci. A las pocas horas de nuestra degustación de mozzarellas, un comentario irónico se coló desde su cándida sonrisa: “… todos estos sellos de DOP, DOCG, IGT.. sólo hacen subir el precio de los productos y no necesariamente garantizan su bondad…quizás lo mejor para el futuro sea desligarse de estos consorcios.”
Este sentir no es único al “ingobernable” sur de Italia. En el mundo de los vinos es harto conocido como los mejores caldos se hacen justamente apartándose de las DOCG, AOC o DO. Tignanello en Toscana, el Barbaresco de Gaja en Piemonte, Daumas-Gassac en el Languedoc… El consumidor informado sabe de sobra que la calidad no la decide un esquema burocrático.

La filosofía gastronómica prevaleciente en Venezuela en estos momentos apunta a “registrar” nuestros productos con una DO. Tres de ellos (ron, cacao y cocuy) ya la exhiben. Pero hablar de DO en Venezuela es una idea no solo anacrónica y parroquial, sino más grave aún, falsa. Para bien o para mal, Venezuela dejó de ser un país agrícola desde hace más de un siglo para no volver a serlo jamás. Mientras que Francia ofrece al mundo 500 tipos de excelentes quesos, Venezuela ofrece sólo 3 de calidad intermitente. Sin embargo, al más puro estilo Nietzscheano, la cocina venezolana no le dio la espalda a sus defectos sino los convirtió en su fortaleza. Los tomos de cocina de Armando Scannone son la enciclopedia concluyente de lo mundano de nuestra herencia. Nuestros paladares se sienten a sus anchas con la salsa Worcestershire, los quesos de Edam o el tahine libanes. Se nos hace la boca agua con la comida francesa, india, china o árabe. Nos quejamos de que el Perú se apropia de nuestros tequeños pero en Venezuela no hay quien no sienta al ceviche como propio.
Cifrar nuestro progreso gastronómico en la adquisición de Denominaciones de Origen es un consuelo de sacarina.
Nuestro don es ser la Holanda de América del Sur, pragmáticos, cosmopolitas y libres.

Aceptar nuestros defectos requiere coraje. Nietzsche murió solo en un asilo a los 55 años, sus libros nunca vendieron más de unas cuantas centenas de copias. Sin embargo, su legado nos abrió los ojos a una de las más importantes características a la que un ser humano puede aspirar: no ser alguien negado a aceptar la realidad.

Buñueloni

13-Nov-11
“Estamos asistiendo a una espantosa decadencia del aperitivo, triste signo de los tiempos. Uno más.”
Luis Buñuel

¿Quién tiene tiempo para un coctel en el aceleradísimo mundo de hoy? Consultar las recetas, equipar el bar con licores exóticos, acceso inmediato a hielo fresco y cristalino, enfriar la coctelera y los vasos, medir los componentes, agitar con arte, guarnecer apropiadamente… y luego, vaso en mano, dedicarle el tiempo a entender y apreciar los sabores: amargos y dulces, subterráneos y botánicos, sazonados y complejos.
¿Quién tiene tiempo para la cocina clásica en el aceleradísimo mundo de hoy? Picar a mano y no en Moulinex, espesar una estofado con calmada reducción y no con goma Xantana, batir la salsa holandesa con el balón de varillas, en baño-maría, y no en el Thermomix, triturar el pesto a mortero y no en licuadora…y luego, plato en mano, dedicarle el tiempo a apreciar la diferencia, sabores puros y naturales, conectados con la cultura de nuestra historia.

¿Cómo llegamos a estar tan ocupados todo el tiempo? ¿No se suponía que la tecnología aumentaría nuestro tiempo de esparcimiento? Sin duda que lo contrario es el caso: redes sociales vibrando con centenas de “amigos”, twitter-periodismo al instante, digitalización del trabajo, centenas de emails las 24 horas del día, todo sucediendo con la hipótesis tácita de que son eventos urgentes e ineludibles. ¡Más nos vale acelerar nuestras vidas a riesgo de quedarnos al margen de la sociedad!
Sin embargo, Carl Honoré, uno de los abanderados del movimiento Slow, cita un estudio de Hewlett Packard donde se ha encontrado que el multitasking reduce nuestro cociente intelectual por mas de diez puntos…¡el doble de la disminución que causa fumar marihuana! Aún así, vivimos en la ilusión posmoderna de que hacer varias cosas al mismo tiempo es profundamente eficiente y satisfactorio.
¿Y todo este apuro para qué? El filósofo e historiador noruego Guttorm Fløistad, nos recuerda que “… nuestras necesidades esenciales nunca cambian: la necesidad de calor humano, de sentir que importamos y de ser amados. Estas sólo se obtiene al dedicarle calma y tiempo a las relaciones humanas . El paso esencial es recobrar la lentitud de la reflexión…allí yace la verdadera satisfacción”

Un coctel al aperitivo (dos veces al día en el caso de Buñuel) es el antídoto ideal para el apuro cotidiano. Es un ritual de transición, la oportunidad de relajarnos y socializar, de prepararnos para la comida.
“Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible” recuerda Buñuel. No solo teoría sino ejercicio inspirador, como cuando después de varios dry-martinis decidiera que Ese oscuro objeto del deseo fuera protagonizada por dos actrices (Carole Bouquet y Angela Molina) en el mismo personaje, algo inédito en la historia del cine. Buñuel fue además un cineasta frugal y eficiente, sus películas se filmaban en semanas, con mínima dirección de sus actores y poquísima edición. Un verdadero auteur!

Cierro esta reflexión con la receta del Buñueloni, una extraordinaria variación del Negroni. He aquí la fórmula, reseñada en un cálido y lúcido ensayo de Carlos Fuentes: mitad de ginebra inglesa, un cuarto de Cárpano y un cuarto de Martini dulce. Servir con hielo y una rueda de naranja.

Pollo en brasas

12-Aug-11

Av. Pincipal Baruta – El Hatillo, Sector Los Pinos, La Boyera.
Chicharronera Los Pinos en Facebook
Requiere un acto de fé decidir comer a la orilla de la calle, en una mesa con vista al estacionamiento y alumbrada con luces de neón. Es diferente en las carreteras de provincia, donde el asfalto es parte integral de la aventura. Thelma y Louise siempre se mantuvieron al borde del camino porque allí radicaba el romanticismo de darse a la fuga. Los tenderetes de El Guapo son impensables algunos metros selva adentro, su existencia y encanto depende de aquello que T.S Eliot  llamó la poesie des départs de Charles Baudelaire.

Pero la Chicharronera Los Pinos, así como sus análogos El Mundo del Pollo o Hermanos Rivera  son restaurantes de ciudad, destinados al usuario urbano, en donde yo pensaría que una mesa “de espaldas” al estacionamiento sería la más solicitada…o tal vez no!… Venezuela, como dijera Cabrujas,  ha sido un campamento de paso desde la conquista, la parada de carretera de los Welser camino a El Dorado, y quizás esa transitoriedad es parte de nuestra psique: estoy de paso mientras me voy a vivir a Miami-Barcelona-Panamá… y no quiero perder mucho tiempo lejos de mi carro porque el avión espera en Maiquetía.
La ruta de La Trinidad a El Hatillo permanece aún en mi memoria como un road movie. Era el peregrinaje agónico a los juegos dominicales de béisbol en el colegio Los Arcos cuando aún esta ruta era considerada una excursión a las montañas. He ahí mi inquietud y curiosidad nostálgica. Un vestigio de “Mi Caracas” flanqueado por un McDonalds y con el desparpajo además de anunciar en su nombre el condumio rey de la cordillera metropolitana: el chicharrón.

El pedido lo dejé en manos de Carolina. Ella dice ser experta en este ambiente y para ser sincero a estas alturas todo me da igual.
Ella pide un “combo” que incluye medio animal y dos contornos a elección. Pedir la comida en combinaciones pre-seleccionadas por el vendedor es la resaca  de la cultura  fast food ya fosilizada en Caracas y mi sonrisa, mitad irónica, mitad entrañable, pasa desapercibida. Yo me encargo de las bebidas: cerveza helada, curiosamente embotellada en vidrio azul.
El pollo es de carne blanca, sospechosamente tierna e insípida, su terroir es el galpón de una zona industrial y su alimento sintético es la pesadilla de los ecologistas. Son años luz de distancia con el pollo de corral de nuestra abuelas, no solo en sabor sino en concepto. Requiere un corto-placismo enfermo para que una sociedad decida producir sus alimentos como lo hacemos hoy en dia.
La ensalada está revuelta con mayonesa ¿Mavesa?. El chorizo llega deslizándose en un plato plástico blanco y a la derecha un póster publicitario de la Montserratina recuerda su Apellation Controlee….pero la arepa de chicharrón es un sol.

No podemos dejar escapar yumms y wuaos al probar todo….La receta secreta del adobo de la pollera criolla, que se filtra cáustico a través de su piel hasta llegar a las comisuras de sus huesos lo hace apetitoso y unos de los sabores más propios de la nacionalidad. El pollo asado de Casa Mingo en Madrid, la legendaria sidrería vecina a la casa de Goya de tan bién ganada fama, nunca alcanza los tonos agudos y salobres de la versión criolla. Como tampoco lo logra el Frango Piri-Piri, muy probablemente el blueprint traido por la inmigración lusitana del siglo XX. Dos ejemplos personales que sólo ayudan a profundizar mi misticismo por el pollo en brasas venezolano.
Los contornos, aunque de horrible presencia, son inesperadamente correctos. La “ensalada rallada” ese coleslaw criollo que gusta hasta a los que no les gustan las ensaladas no está nada cerca del que Bradley Ogden perfeccionara en uno de los tomos más importantes de la americanidad con su reducción de vinagre de vino rojo, mostaza Colemans y sal de célery pero está fresca y  combina de maravilla con el pollo. La arepa de chicharrón, crujiente y recién frita es la estrella indudable de la mesa y termina siendo disputada por Carolina (traicionando su rigurosidad atlética) y por mí. La insípida cerveza llega a la mesa helada y su reposición es anticipada elegantemente por nuestro mesonero.
Los platos limpios no mienten. La sonrisa auténtica del estómago lleno es contagiosa.

Esta pintura de Edward Hopper encierra la digna melancolía de los que han sido traicionados por aquello que llaman “hogar”. La sala de espera del tren a París, las sillas en frente del gate F45 en Schiphol, o el diner norteamericano en la ruta 66 son el refugio ad hoc para esta tristeza. Las areperas y polleras, a pesar de (o gracias a) sus manteles plástico y luces de neón, son el equivalente autóctono para los que huimos de las viscicitudes del momento.
La mesa de al lado baja la voz y voltea sigilosamente a vernos cuando yo cito emocianado lo que hubiera dicho Baudelaire:

¡Llévame, vagón! ¡Llévame, fragata!

¡Lejos! ¡lejos! ¡aquí el lodo formado está por nuestras lágrimas!

Afortunadamente para los que me escuchan, el parquero me grita: epa gordito! pa’ que muevas el carro que tas bloqueando al pana!
Al partir, los mesoneros palmean mi espalda agradecidos por el 30% de servicio que dejo ante lo irrisorio de la cuenta final. Las cenas memorables incitan la alegría de la reflexión y la tranquilidad imperturbable del ánimo (una de las máximas de Epicuro) y haber encontrado esto a la orilla del camino, entre La Trinidad y El Hatillo, lo mínimo que merece es generosidad metálica.
Cuando volteo a agradecer la hospitalidad por última vez, mi mesonero no mira mi mano agradecida sino las nalgas de Carolina..Venezuela toda es un Road Movie

La tragedia de los comunes

07-Aug-11
El 29 de octubre de 2010 se efectuó en Hong Kong una inusual subasta de 140 botellas de Chateau Lafite. Los caldos, provenientes de la bodega privada del Barón Eric de Rotchschild, cambiaron de manos por el triple del estimado más optimista de Sotheby´s. Una botella de 1945, por ejemplo, se vendió por $50.000 (el estimado en el catálogo era de $10.000)
Entre los billonarios chinos, el Lafite es un símbolo esencial de estatus y según “insiders” occidentales, es impensable que cualquier contrato gubernamental no se celebre con una cena y Chateau “Lafei” (como es pronunciado en China)…Paradójicamente, según la MW Jancis Robinson, “el Lafite es un vino difícil, austero y una tortura tomarlo con comida china”.

Esta sed milenaria china ha hecho de estos legendarios vinos, simples “commodities”, desprovistos del contexto histórico y cultural que ellos representan. Al mismo tiempo, ha corrompido sus precios de tal manera que no hay conexión lógica con su supuesta calidad. Por ejemplo, en 1982, los precios del Chateau Mouton-Rotschild y del Chateau Lafite eran parejos, alrededor de $12.000 la docena. Hoy en día, el Lafite ronda los $80.000 mientras que el Mouton se vende por $22.000 (irónicamente, muchos expertos consideran al Mouton el mejor vino entre ambos).
Adam Smith nunca imaginó que “la mano invisible” llegara a des-regular de esta manera el mercado ¿Quién se beneficia? ¿Quién se perjudica?

Ya se reporta que restaurantes en China pagan hasta $500 por botellas vacías de Lafite. Hecho que confirma que el fraude más directo, el de sustituir el contenido de una botella por una falsificación ya anda en marcha. Los venezolanos tenemos experiencia de sobra en este tema con los whiskys “de marca” preferidos del mercado.
Pero aún más allá, siempre recuerdo una cata en Inglaterra en 1998, dirigida por el embajador de una casa de whisky de malta en la cual una anécdota capturó mi imaginación: la historia de un barril perdido desde 1957, encontrado recientemente y embotellado para la venta… ¡a un precio de más de mil dolares por botella! ¿Su mercado principal y casi único? Millonarios japoneses.
Me pregunto: ¿Cómo se puede perder un barril así por cuarenta años? ¿Quién avala que el contenido de la botella es lo que se nos dice? ¿Será que las falsificaciones, tan comunes en el mundo del arte, habrán llegado a ser hechas“oficialmente” por sus propios productores? ¿Quién garantiza que esto no le suceda a manjares proverbiales como el Lafite?

Uno de los aportes más importantes de Carlo Petrini, fundador de SlowFood, ha sido otorgar al mundo tradicionalmente hedonista de la gastronomía una responsabilidad ecológica, cultural y política. Así que es ingenuo también pensar que la “comoditización” de la comida sólo sucede en la esfera de las marcas de lujo. Se ha reportado que tanto bancos como fondos de inversión han vertido 200 billones de dolares en los mercados financieros apostando al alza de los precios de los alimentos a futuro, lo cual ha desencadenado pánico y una subsiguiente alza artificial de los precios. También en este ámbito sobran ejemplos en Venezuela, con sus ciclos de escasez, alza de precios e intervenciones del estado.

Se trate de importantes legados culturales como el Chateau Lafite o de esenciales garantías ciudadanas como el acceso a nuestra “cesta básica”, pareciera que vivimos a diario la “Tragedia de los comunes” enunciada por el ecologista Garret Hardin en 1968: ¿Cómo escapamos del dilema en el cual individuos actuando racionalmente y en su interés propio, destruyen un recurso limitado compartido?

¿CUÁNTOS LIBROS HAY QUE LEER PARA SER COCINERO?

07-Aug-11
La biblioteca de Umberto Eco alberga, famosamente, treinta mil libros. Quienes la visitan, invariablemente preguntan: ¿Profesor, y usted ha leído todos estos libros…?

La semana pasada se me encomendó la preparación de un almuerzo con motivo del lanzamiento del libro de recetas de verano del clásico “Il Cucchiaio d’Argento”. El contenido del almuerzo debía ser exclusivamente tomado del libro y enteramente fiel a sus recetas.
El original fue editado por primera vez en 1950 después de un arduo trabajo de recolección de recetas caseras italianas. Confieso que nunca tomé este libro con mucha seriedad, relegándolo en mi mente al estereotipode “libros de ama de casa”, sin embargo, generaciones enteras de italianos lo consideran “La Biblia” de la cocina.
Las recetas del “Il Cucchiaio d’Argento” son abrumadoramente sencillas, requiriendo un mínimo conocimiento técnico previo, sin embargo los sabores y las presentaciones son tan encantadoras y tan fieles al espíritu gastronómico italiano que la crítica gastronómica holandesa, acostumbrada al híper-tecnicismo en boga entre los chefs actuales, lo ha alabado al unísono (y de paso, gentilmente, mi almuerzo)
Después de veinte años como cocinero profesional, es aleccionador descubrir libros de cocina que todavía tienen tanto que decir, con tan pocas palabras…

¿Cuántos libros hay que leer para ser cocinero?
¿Cuántos libros hay que leer para ser gastrónomo?
Dos preguntas muy diferentes. Los griegos fueron los primeros en separar conceptualmente la técnica (techné) del conocimiento (episteme). Así que, fiel a esta idea, puedo responder la primera pregunta con facilidad. Para aprender mi techné, sólo hicieron falta tres libros: Un recetario de Robert Courtine (alias Savarin) llamado La vraie cuisine Française simple et anecdotique, publicado en español con el título de “Mi Cocina”; el tomo rojo de Armando Scannone, también llamado “Mi Cocina”; y un libro de la escuela de Anne Willan llamado LaVarenne Pratique…
¿Cuántos libros otorgan episteme? ¿Cómo saberlo…? ¿Treinta mil?

Con las redes sociales ha aparecido un nuevo especialista, llamémoslo “traficante de información gastronómica”. Un experto en recoger noticias de la web y redistribuirlas hacia sus seguidores de twitter o amigos de facebook. Aunque leo a mis “traficantes” a diario “para estar al día…”, comparto aquí mi incómoda sensación de vacío al hacerlo. ¿Por qué?
En los años 60 el psicólogo Stuart Oskamp ideó un experimento para medir que tan acertados eran los psicólogos clínicos al emitir un diagnóstico. Los psicólogos a prueba analizaban carpetas sucesivas con descripciones conductuales de los pacientes, cada una más detallada que la anterior. A mas información, la certeza del psicólogo en su propio diagnostico subía de un 30% a un 53%, sin embargo, la rata de acierto siempre se mantenía constante… ¡por debajo del 30%! (me pregunto si los psicólogos serán más acertados ahora, 50 años después) Experimentos posteriores han demostrado que el “overconfidence effect” es común a otras disciplinas incluyendo, tristemente, la medicina y, menos tristemente, la gastronomía.
¿Corolario? Más información no nos hace más sabios, quizás más bien nos intoxica con la ilusión de sabiduría.

Mientras millares de tweets gastronómicos abarrotan mi buzón, varios tomos no leidos me vigilan desde mi biblioteca recordándome la respuesta de Umberto Eco a sus visitantes.
-¿Profesor, y usted ha leído todos estos libros…?
-¡No, estos son tan sólo los que tengo que leer este mes!

El vestido nuevo del emperador

07-Aug-11
Noma, en Copenhague, es el mejor restaurante del mundo. Así lo declara la lista de Restaurant Magazine/San Pellegrino. Lo más impactante de la noticia, cuando llegó en julio del 2010, fue el “entrelíneas”: El Bulli ya no es el mejor.
Los eventos sucesivos parecían estar ya escritos en un guión universal que se repite eternamente. Un murmullo entre la comunidad de cocineros y críticos gastronómicos resonaba al unísono: ¡El emperador está desnudo! mientras Ferrán Adriá continuaba por algunos días, cabeza en alto con su desfile, tal como en las líneas finales del cuento de Hans Christian Andersen.
El título de un platillo de huevos en el “mejor restaurante del mundo” (Noma) es “La gallina y el huevo”. El platillo análogo en el número 99 (Le Pre Catelan) es “Huevo mollet al perfume de céleri, trufa de borgoña, preparado en tarta crujiente con cebollas confitadas y salsa de apio-nabo”. El primero consiste en un huevo frito por el mismo comensal con hierbas silvestres y papas fritas, el segundo, bueno…ya está todo dicho. Me imagino que el plato de Noma encierra una complejidad conceptual que un nombre descriptivo, al estilo de Le Pre Catelan, no logra transmitir. Pero qué tiene que ver un huevo frito en la mesa con la aporía creacionista acerca del huevo o la gallina escapa a mi tierno intelecto y, a juzgar por la reacción en la blogósfera, también escapa del de todos aquellos que lo han comido. Nombres análogamente vagos se popularizaron en pintura por primera vez con el expresionismo abstracto (Number 1, 1950, Lavender Mist de Jackson Pollock) a raíz de la imposibilidad de titular concretamente un paisaje emocional. ¿Será este el caso también en gastronomía? Tiendo a pensar que si…pero con cautela.

, psicólogo y profesor de economía conductual de la universidad de Duke, nos relata que uno de sus experimentos favoritos es dar de catar dos tipos de cerveza. Una es la original, tal cual sale de la botella, y la segunda es la misma pero con algunas gotas de vinagre balsámico. Cuando el experimento se ejecuta a ciegas, más del 80% de los encuestados prefiere el sabor de la cerveza con vinagre. Cuando el experimento se ejecuta informando previamente a los sujetos que la segunda cerveza contiene vinagre, casi la totalidad de los encuestados describen el sabor como repugnante. La cruda verdad es que la mayoría de nosotros no sabemos lo que nos gusta hasta verlo en un contexto. Por ejemplo, no sabemos a cual restaurante ir a celebrar nuestro cumpleaños hasta leer la lista de San Pellegrino.

Montañas de experimentos avalan que una píldora placebo tiene un efecto potenciado si se le informa al paciente que su precio es alto. En el competido mundo de la gastronomía abundan los placebos. Si alguien nos invita al “mejor restaurante del mundo”, casi con certeza la comida nos parecerá deliciosa, y no simplemente por querer que nuestra opinión coincida con la de expertos o críticos reputados, sino que genuinamente, como lo han demostrado tomografías computarizadas, nuestro centro de placer en el cerebro se muestra más irrigado.

Casi como una advertencia de Némesis, a tan sólo 4 km de Noma en Copenhague, está la tumba de Hans Christian Andersen. “” es su sátira más conocida, ancla de una anécdota folklórica universal. Comparto aquí las dos cosas que más adoro de ella: la maravillosa descripción del traje imaginario… y su poderoso mensaje entrelineas: no importa como vistamos nuestros temores, al final nunca los podremos ocultar.

¿Cocina de autor?

31-Jul-11

Un caso ha sacudido al mundo del arte recientemente. Un autorretrato de Andy Warhol, firmado y fechado por él mismo, ha sido “negado” como original por la Andy Warhol Art Authentication Board. El argumento principal es que el cuadro no fue “impreso” con Andy Warhol presente. Este sonado juicio (ver detalles en http://myandywarhol.com/) nos ha hecho pensar de nuevo en la tan elemental cuestión: ¿Qué es un Andy Warhol?
La pregunta es pertinente no sólo para académicos y coleccionistas sino para toda aquel involucrado en alguna actividad creativa, cocina incluida.

Entre las revelaciones más cándidas que han salido a la luz está la de Rupert Smith (el encargado de la impresión de los Warhols) quien confiesa: “Teníamos tanto trabajo que hasta Augusto, el conserje del edificio, era el que pintaba varios de los cuadros mientras que Warhol y yo dábamos las instrucciones por teléfono…lo llamábamos arte telefónico”. En otra significativa revelación, Horst Weber von Beeren uno de los pintores del estudio, dice que el rol de Warhol en esos años era simplemente firmar los cuadros antes de ser vendidos…

¿Cuál es el rol de Joel Robuchon en sus restaurantes en Paris, Las Vegas, Tokyo y otras siete ciudades? ¿O de Ducasse en sus veintisiete? ¿O de Gordom Ramsay a través de cuatro continentes? O para traer el debate a Caracas, el rol de Miguel Sanchez Romera en Arte. ¿Firmar el menú? ¿Llamar por teléfono a sus chefs, tal como Warhol llamaba a Augusto el conserje?

Hay una idea del historiador Massimo Montanari que me encanta por su lógica y sencillez: la cocina es un lenguaje, y está regida por una gramática del gusto donde los ingredientes son el léxico.
Y si la alimentación es como el lenguaje, los cocineros somos los escritores, Ducasse es Alexandre Dumas y las centenas de chefs a cargo en sus 27 restaurantes son sus nègres littéraires (escritores fantasmas)
Dia a dia, ex-nègres culinaires de Bouloud, de Adriá, de Ducasse salen en “libertad” hacia su propia carrera. Los más ambiciosos desarrollan su propio lenguaje, su prosa o poesía. Otros, quizás menos audaces, repiten las formulas del maestro una y otra vez, muchas veces con resultados idénticos. Todo cocinero tiene en su repertorio algún plato aprendido en algún stage que repite con exactitud milimétrica. Sólo pregúntele a Carlos Garcia de Alto o a Edgar Leal de Mohedano. Yo, por supuesto, tengo varios. ¿Seremos tan solo los conserjes del edificio?

¿Cómo entonces responder nuestra pregunta inicial? ¿Qué es un Andy Warhol? ¿O un Ducasse? ¿O un Adriá?
Para Warhol, provenir del mundo del diseño gráfico y no del de las bellas artes fue su fortaleza. En la ilustración comercial, la autoría no importa. Un dibujo es modificado a placer por un equipo editorial. La pregunta más genial que hizo Warhol con todas sus reproducciones, fue quizás: ¿Cuáll es la diferencia entre dos cosas exactamente iguales, donde una de ellas es arte y la otra no?
Dos respuestas: Marcel Duchamp (a quien Warhol admiraba enormemente) nos hizo ver con sus prefabricados que la importancia del arte no es quien lo hace sino las ideas que genera. Sin embargo, Wilhelm von Humboldt (hermano mayor de nuestro Alexander y lingüista excelso) escribió en 1791: “…lo que no provenga de nuestra propia iniciativa sino que efectuamos bajo instrucciones, no pertenece a nuestra naturaleza….cuando un artesano trabaja bajo control externo quizás admiramos lo que hace, pero desdeñamos lo que él es.

El rabo se alarga

31-Jul-11
EL RABO SE ALARGALa noticia llega de Londres: al byowineclub.com se han incorporado varios restaurantes con estrellas Michelin. Este club virtual agrupa a restaurantes que permiten que los comensales traigan su propio vino. Este sistema es ubicuo en Australia pero, hasta ahora, inaceptable para el restaurateur europeo.
Los argumentos a favor de este sistema son varios. El precio del vino que usted toma en un restaurante se calcula multiplicando el costo de la botella por un factor fijo (usualmente, entre 1.6 y 2.5). Así, una botella de un sencillo Cabernet austral de $10 se vende por $25 y una de Chateau Cos d’Estournel de $100 se vende por $250!
Esto perjudica a los vinos lujosos, pero sobre todo a los vinos artesanales, a los producidos en pequeña escala y cuyos productores no cuentan con el aparato tecnológico o distributivo para abaratar los costos. Esta estructura de precios es un arancel injusto al buen vino, un incentivo al vino industrial, un subsidio a la estandarización.
Desde el 2004, Chris Anderson (editor de la revista Wired) ha popularizado su teoría de que tanto la economía como la cultura se esta escapando de las manos de unos pocos “proveedores”  (públicos o privados) a ser distribuida de la mano de una multitud de pequeños “surtidores”. La teoría se llama The Long Tail (El Rabo Largo)
Esto es bastante evidente, por ejemplo, en el desplazamiento del suministro de información a través de medios establecidos (periódicos) hacia medios emergentes dirigidos a nichos específicos (twitter).
Los restaurantes se mueven mas lentamente pero indudablemente en la misma dirección. Para muestra, simplemente busque en Google: “puertas cerradas+buenos aires” y encontrará un submundo de restaurantes caseros, funcionando al margen de la institucionalidad, pero ya reportados por la crítica internacional como lo mejor de la gastronomía argentina.
En Italia, restaurantes que son literalmente della nonna, funcionan bajo el nombre de Associazione culturale, una categoría creada especialmente para intentar regir este fenómeno y no dejar que se escapen del aro impositivo en caso de que sus ventas se tornen relevantes para el fisco.
En Ithaca, Nueva York, la popularización del community supported agriculture ha generado un nuevo tipo de restaurante, aquel que sólo usa ingredientes producidos por las fincas familiares locales. Parece un proyecto de desarrollo endógeno de algún país latinoamericano pero no, es una iniciativa impulsada por la comunidad universitaria de Cornell, una de las rocas del conservadurismo del Ivy League.
Ya en Caracas, nombres de comedores en residencias privadas circulan de boca en boca. Ignoro si funcionan dentro de un marco “legal” pero tal como la descarga “ilegal” de música o películas de la Internet, presiento que será un fenómeno imposible de detener.
Que el restaurante como concepto sea reclamado y reinventado es un proceso muy real, muy vigente, y que está a la vuelta de la esquina en el mundo entero.
La reflexión está abierta. Por un lado la cada vez más difícil, y me pregunto, si caduca noción de regular, tasar, legislar cada una de las actividades humanas. Por otro, el creciente poder de la sociedad civil de replantear o modificar estructuras, inclusive culinarias, a nuestra conveniencia. Asociaciones libres, de gastrónomos libres. Noam Chomsky llamaría a esto ”Gastrosindicalismo”. Pero en el fondo no es mas que la evolución de una de las ideas mas bellas del siglo de las luces, la que Rousseau llamó “la inherente condición de libertad”

Evio’s Pizza

29-Mar-10

 

En Los Palos Grandes, el vecindario más caliente de Caracas, la pizza de Evio sigue en pié. Perdonen que de este “tubazo” periodístico con un retraso de 15 años. Pero me invitaron recientemente y fué cuando me enteré.

Yo fuí alguna vez a su pizzería en La Florida, con 4 dias de abierta creo y lo que recuerdo es que la pizza era buena… pero todo lo demás terrible. La pizza tardaba años, el servicio era inepto, las sillas incómodas, las paredes pintadas a gritos con colores “tropicales”, no habia ventilación y los zancudos hacían de las suyas….

Pués reporto con placer que poco ha cambiado, bueno… mucho ha cambiado en 15 años, pero la esencia es la misma…La pizza sigue siendo buena, es más, muy buena. Todo lo demás terrible.

Me imagino que toda Caracas sabe que ahora Evio es “antisionista, chavista y revolucionario a tiempo completo” pero a este servidor que lo que es “anti-chauvinista, epicureista y napoleónico (Napoleón Bonaparte decía que en las revoluciones hay dos clases de personas, las que las hacen y las que se aprovechan de ellas)”  lo que me interesa es la pizza y su entorno.

Bueno Evio, para buscarte pelea de una vez, que la mesa esté limpia, los cubiertos bién puestos, algo debajo del plato que impida que se ruede (un individual de papel periódico me sirve….Granma y todo si quieres) y un mesonero feliz que me haga sentir bienvenido no aburguesan en nada la experiencia. Llámame snob, sifrino, hijito de papá, arrogante…todo es verdad pero desde la fundación de la pizzería como la conocemos hoy, a mediados del ottocento en Nápoles , todas estas frivolidades forman parte de una bella tradición. Obviarlos es traicionar el espíritu y belleza de un condumio inventado por y para el proletariado napolitano. Un verdadero acto revolucionario que reclamaba la alegría de la gastronomía de la calle  para el pueblo.

Quizás mi expectativa es alta porque creo que De donde viene tu nombre es una de las joyas musicales de amor mas perfectas jamás escritas…y yo quería que Evio´s Pizza recojiera aunque fuera un poquito de ese sentimiento. Volveré a Evio´s Pizza, quizás a las otras sucursales, quizás no, no se…a pesar del calor a mi me gustan mucho Los Palos Grandes porque me hace sentir menos snob en Caracas.

En Das Pastelhaus de El Hatillo

el publico en cambio es neo-hippy, faux-bohemio, trendy-colonial…

Evio, no vayas!!!!

Basta simplemente ver la distribución del restaurante para darse cuenta que lo más importante aquí es la caja registradora: en un podium central, vigilando todo…

Quizás la concepción del sitio  es honesta y hay muchos detalles que revelan pasión y oficio por la gastronomía. Pero la operación tiene una frialdad de administrador. La pizza es buena, “bién resuelta” dicen al lado, pero para para mi es vulgar…no se, no me tomen mucho en cuenta en esta crónica, estaba de mal humor y un poco irritado con esa cualidad soterradamente perversa y tenebrosa de El Hatillo. De cultura popular comercializada y explotada, sordidez provinciana a lo David Lynch.

Paranoico quizás, ustedes sabrán…