La iglesia de la alta cocina vive una crisis de fe.
Hace poco más de una decena de años, un movimiento reformista encabezado por Ferran Adriá y Heston Blumenthal rompió para siempre la hegemonía vaticana de Francia y de una cocina anclada en el Ancien Regime.
Esta nueva cocina industrializada y “andywarholesca” obtuvo, gracias a una sumisa complicidad mediática, una popularidad nunca antes vista en este elitista y enrarecido mundo.
Avancemos ahora al 2012. Hoy, la división de la fe culinaria en millares de credos derivados toma cuerpo a nivel global. ¿Por qué esta atomización?
Por ahora, la lista de theworlds50bestrestaurants (biblia del fashionismo gastronómico) apuesta por una cocina naturalista y nómada, basada en la recolección de exotismos. Rene Redzepi (Noma Restaurant) prepara cabeza de alce salvaje y el venezolano Nelson Mendez se destaca en Madrid Fusión presentando su cocina amazónica de piraña, báquiro y bachaco. Pero theworlds50bestrestaurants también aupa discretamente a la contra-reforma de la cocina “católica”. Le Chateaubriand en París ha escalado más de 30 peldaños en los últimos 3 años con una propuesta “Boticellesca”que ofrece, por ejemplo, hasta nueve platos de foie gras en su carta. Pero como lo han pregonado por algún tiempo ya François Simon, Alberto Soria o el comediante Leo Harlem, los comensales se han agotado ya de las versiones “pornificadas” de gastronomía. Quizás sea hora de desempolvar las santas escrituras y rescatar la esencia de nuestro credo: ¡el sabor!
El sentido del gusto es a la vez la esencia y el misterio más grande de la cocina. Desde la Physiologie du gout, escrito en 1825 por Jean Anthelme Brillat Savarin hasta un reciente texto de Gordon M. Shepherd (profesor de la Universidad de Yale) Neurogastronomy: How the Brain Creates Flavor and Why It Matters, los científicos han intentado explicar misterios que van de lo banal (expertos catadores de vinos pueden ser engañados con caldos blancos pintados de tinto) a lo profundo (de nuestros cinco sentidos, el del olfato es el único con acceso directo al lóbulo frontal, el área mas desarrollada del cerebro humano).
Aunque los gustos son cinco (salado, dulce, amargo, ácido y umami), los sabores son infinitos. Ellos son una combinación de gustos, olores, texturas y emociones que se mezclan de manera diferente en cada bocado. Entender y dominar el sabor, lo que llamamos “sazón”, es la cualidad mas rara y valiosa de un chef. Tristemente, de todos los centenares de cocineros profesionales que he conocido, no pasan de un manojo los que “tienen sazón”.
¿Se puede enseñar la sazón?
¡No lo se! Armando Scannone ha abogado por esto desde siempre. Ha dicho que la primera parte de ser cocinero es entender y repetir el “sabor venezolano”, pero la ecuación matemática o la formula química de este sabor perdura esquiva. Para encontrarla no sólo debemos confiar en la ciencia, también debemos mirar al pasado. La siguiente receta de “Chilatas” es tan vieja como los aztecas, pero su fórmula captura un sabor amplio, satisfactorio e inmortal:
Cacao en polvo (150 gr.)
Azúcar en polvo (150 gr.)
Almendras tostadas y molidas (300 gr.)
Sal (50 gr.)
Ajonjolí (300 gr.)
Maní tostado y molido (300 gr.)
Pimienta negra molida gruesa (50 gr.)
Chiles secos tostados y molidos (100 gr.)
Jengibre molido (10 gr.)
Clavos de olor molidos (2 gr.)
Canela(10 gr.)
Semillas de cilantro tostadas y molidas (5 gr.)
Orégano(5 gr.)
Anís estrellado (5 gr.)
Probar este adobo fantástico espolvoreado en arepas recién hechas y recordad este axioma de Brillat-Savarin, el convencido epicúreo que siempre consideró a la gastronomía como una ciencia: “El descubrimiento de un nuevo plato hace mas por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella”.

